Bastaría simplemente con no echar de menos
todos aquellos inviernos que nos parecían tan tristes,
hoy solo me queda, como última rebeldía, la terquedad de no dejarme convencer.
Ya es suficiente.
26.11.07
15.11.07
Extracto de la BREVISIMA RELACION DE LA DESTRUCCION DE LAS INDIAS
DE LA ISLA ESPAÑOLA
En la isla Española, que fué la primera, como dijimos, donde entraron cristianos e comenzaron los grandes estragos e perdiciones destas gentes e que primero destruyeron y despoblaron, comenzando los cristianos a tomar las mujeres e hijos a los indios para servirse e para usar mal dellos e comerles sus comidas que de sus sudores e trabajos salían, no contentándose con lo que los indios les daban de su grado, conforme a la facultad que cada uno tenía (que siempre es poca, porque no suelen tener más de lo que ordinariamente han menester e hacen con poco trabajo e lo que basta para tres casas de a diez personas cada una para un mes, come un cristiano e destruye en un día) e otras muchas fuerzas e violencias e vejaciones que les hacían, comenzaron a entender los indios que aquellos hombres no debían de haber venido del cielo; y algunos escondían sus comidas; otros sus mujeres e hijos; otros huíanse a los montes por apartarse de gente de tan dura y terrible conversación. Los cristianos dábanles de bofetadas e puñadas y de palos, hasta poner las manos en los señores de los pueblos. E llegó esto a tanta temeridad y desvergüenza, que al mayor rey, señor de toda la isla, un capitán cristiano le violó por fuerza su propia mujer.
De aquí comenzaron los indios a buscar maneras para echar los cristianos de sus tierras: pusiéronse en armas, que son harto flacas e de poca ofensión e resistencia y menos defensa (por lo cual todas sus guerras son poco más que acá juegos de cañas e aun de niños); los cristianos con sus caballos y espadas e lanzas comienzan a hacer matanzas e crueldades extrañas en ellos. Entraban en los pueblos, ni dejaban niños y viejos, ni mujeres preñadas ni paridas que no desbarrigaban e hacían pedazos, como si dieran en unos corderos metidos en sus apriscos. Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría el hombre por medio, o le cortaba la cabeza de un piquete o le descubría las entrañas. Tomaban las criaturas de las tetas de las madres, por las piernas, y daban de cabeza con ellas en las peñas. Otros, daban con ellas en ríos por las espaldas, riendo e burlando, e cayendo en el agua decían: bullís, cuerpo de tal; otras criaturas metían a espada con las madres juntamente, e todos cuantos delante de sí hallaban. Hacían unas horcas largas, que juntasen casi los pies a la tierra, e de trece en trece, a honor y reverencia de Nuestro Redemptor e de los doce apóstoles, poniéndoles leña e fuego, los quemaban vivos. Otros, ataban o liaban todo el cuerpo de paja seca pegándoles fuego, así los quemaban. Otros, y todos los que querían tomar a vida, cortábanles ambas manos y dellas llevaban colgando, y decíanles: "Andad con cartas." Conviene a saber, lleva las nuevas a las gentes que estaban huídas por los montes. Comúnmente mataban a los señores y nobles desta manera: que hacían unas parrillas de varas sobre horquetas y atábanlos en ellas y poníanles por debajo fuego manso, para que poco a poco, dando alaridos en aquellos tormentos, desesperados, se les salían las ánimas.
Una vez vide que, teniendo en las parrillas quemándose cuatro o cinco principales y señores (y aun pienso que había dos o tres pares de parrillas donde quemaban otros), y porque daban muy grandes gritos y daban pena al capitán o le impedían el sueño, mandó que los ahogasen, y el alguacil, que era peor que el verdugo que los quemaba (y sé cómo se llamaba y aun sus parientes conocí en Sevilla), no quiso ahogarlos, antes les metió con sus manos palos en las bocas para que no sonasen y atizoles el fuego hasta que se asaron de despacio como él quería. Yo vide todas las cosas arriba dichas y muchas otras infinitas. Y porque toda la gente que huir podía se encerraba en los montes y subía a las sierras huyendo de hombres tan inhumanos, tan sin piedad y tan feroces bestias, extirpadores y capitales enemigos del linaje humano, enseñaron y amaestraron lebreles, perros bravísimos que en viendo un indio lo hacían pedazos en un credo, y mejor arremetían a él y lo comían que si fuera un puerco. Estos perros hicieron grandes estragos y carnecerías. Y porque algunas veces, raras y pocas, mataban los indios algunos cristianos con justa razón y santa justicia, hicieron ley entre sí, que por un cristiano que los indios matasen, habían los cristianos de matar cien indios.
DE FRAY BARTOLOME DE LAS CASAS
copiado de la web de CIUDAD SEVA
En la isla Española, que fué la primera, como dijimos, donde entraron cristianos e comenzaron los grandes estragos e perdiciones destas gentes e que primero destruyeron y despoblaron, comenzando los cristianos a tomar las mujeres e hijos a los indios para servirse e para usar mal dellos e comerles sus comidas que de sus sudores e trabajos salían, no contentándose con lo que los indios les daban de su grado, conforme a la facultad que cada uno tenía (que siempre es poca, porque no suelen tener más de lo que ordinariamente han menester e hacen con poco trabajo e lo que basta para tres casas de a diez personas cada una para un mes, come un cristiano e destruye en un día) e otras muchas fuerzas e violencias e vejaciones que les hacían, comenzaron a entender los indios que aquellos hombres no debían de haber venido del cielo; y algunos escondían sus comidas; otros sus mujeres e hijos; otros huíanse a los montes por apartarse de gente de tan dura y terrible conversación. Los cristianos dábanles de bofetadas e puñadas y de palos, hasta poner las manos en los señores de los pueblos. E llegó esto a tanta temeridad y desvergüenza, que al mayor rey, señor de toda la isla, un capitán cristiano le violó por fuerza su propia mujer.
De aquí comenzaron los indios a buscar maneras para echar los cristianos de sus tierras: pusiéronse en armas, que son harto flacas e de poca ofensión e resistencia y menos defensa (por lo cual todas sus guerras son poco más que acá juegos de cañas e aun de niños); los cristianos con sus caballos y espadas e lanzas comienzan a hacer matanzas e crueldades extrañas en ellos. Entraban en los pueblos, ni dejaban niños y viejos, ni mujeres preñadas ni paridas que no desbarrigaban e hacían pedazos, como si dieran en unos corderos metidos en sus apriscos. Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría el hombre por medio, o le cortaba la cabeza de un piquete o le descubría las entrañas. Tomaban las criaturas de las tetas de las madres, por las piernas, y daban de cabeza con ellas en las peñas. Otros, daban con ellas en ríos por las espaldas, riendo e burlando, e cayendo en el agua decían: bullís, cuerpo de tal; otras criaturas metían a espada con las madres juntamente, e todos cuantos delante de sí hallaban. Hacían unas horcas largas, que juntasen casi los pies a la tierra, e de trece en trece, a honor y reverencia de Nuestro Redemptor e de los doce apóstoles, poniéndoles leña e fuego, los quemaban vivos. Otros, ataban o liaban todo el cuerpo de paja seca pegándoles fuego, así los quemaban. Otros, y todos los que querían tomar a vida, cortábanles ambas manos y dellas llevaban colgando, y decíanles: "Andad con cartas." Conviene a saber, lleva las nuevas a las gentes que estaban huídas por los montes. Comúnmente mataban a los señores y nobles desta manera: que hacían unas parrillas de varas sobre horquetas y atábanlos en ellas y poníanles por debajo fuego manso, para que poco a poco, dando alaridos en aquellos tormentos, desesperados, se les salían las ánimas.
Una vez vide que, teniendo en las parrillas quemándose cuatro o cinco principales y señores (y aun pienso que había dos o tres pares de parrillas donde quemaban otros), y porque daban muy grandes gritos y daban pena al capitán o le impedían el sueño, mandó que los ahogasen, y el alguacil, que era peor que el verdugo que los quemaba (y sé cómo se llamaba y aun sus parientes conocí en Sevilla), no quiso ahogarlos, antes les metió con sus manos palos en las bocas para que no sonasen y atizoles el fuego hasta que se asaron de despacio como él quería. Yo vide todas las cosas arriba dichas y muchas otras infinitas. Y porque toda la gente que huir podía se encerraba en los montes y subía a las sierras huyendo de hombres tan inhumanos, tan sin piedad y tan feroces bestias, extirpadores y capitales enemigos del linaje humano, enseñaron y amaestraron lebreles, perros bravísimos que en viendo un indio lo hacían pedazos en un credo, y mejor arremetían a él y lo comían que si fuera un puerco. Estos perros hicieron grandes estragos y carnecerías. Y porque algunas veces, raras y pocas, mataban los indios algunos cristianos con justa razón y santa justicia, hicieron ley entre sí, que por un cristiano que los indios matasen, habían los cristianos de matar cien indios.
DE FRAY BARTOLOME DE LAS CASAS
copiado de la web de CIUDAD SEVA
9.11.07
HE VUELTO A LLEGAR TARDE AL TRABAJO POR CULPA DE RENFE . POR ESO QUIERO LA INDEPENDENCIA
Los trabajadores no tienen patria. No se les puede arrebatar lo que no poseen. Mas, por cuanto los trabajadores debe en primer lugar conquistar el Poder político, elevarse a la condición de clase nacional, constituirse en nación, todavía es nacional, aunque de ninguna manera en el sentido burgues.
DEL MANIFIESTO COMUNISTA
DEL MANIFIESTO COMUNISTA
24.10.07
PARA LITE Y PARA PINKI
Durante un tiempo viví frente al cementerio en una vieja furgoneta Ford destartalada. Era un lugar tranquilo casi siempre excepto las Mañanas de Domingo en que se llenaba de visitantes. Yo aprovechaba la concurrencia para intentar ganarme el pan de cada día pero, la verdad, tenía muy poca suerte. De manera que me veía obligado a bajar al pueblo dos o tres veces por semana a rebuscar por los contenedores. Y eso en estos tiempos es una tarea peligrosa. Creedme.
Aquel desfile dominical era para mí de lo mas curioso, la gente llegaba con sus coches impecables, sus ramos de flores, vestidos para la ocasión con lo mejor que tenían. Venían familias enteras a veces. Yo intentaba no molestar al tiempo que les hacía ver mi necesidad, pero como ya os he comentado a aquellas personas no les sobraba buena voluntad. Algunos incluso eran agresivos conmigo. Y puedo denunciar claramente que los peores eran aquellos pequeños cursis y emperifollados nazis de mierda. Me lanzaban miradas tan pendencieras que, estoy seguro, de no ser porque iban de la mano de sus abuelitas no tendrían reparo en patearme la cabeza bien pateada. Angelitos.
Allí perdí la noción del tiempo. Una tarde la grúa municipal se llevó mi casa, traté de impedirlo por todos los medios pero aquellos energúmenos eran más que yo. Así que tuve que dejar que se llevaran la vieja Ford, y aún puedo considerarme con suerte porque uno de ellos, bajito y con bigote, no paraba de amenazar con llevarme a mí también. No dejó de llamarme hijo de perra hasta que doblaron la esquina y se metieron en la autovía. Cabrones.
Sin techo fue todo más difícil aún. Hasta que una noche escuché un ruido al otro lado de la tapia del cementerio. Aquel día no había comido nada y el anterior tampoco de manera que mi estado de ánimo era nefasto, así que decidí no hacer caso. Pero al poco rato se repitió. Me levanté de mis cartones más por miedo que por curiosidad, la verdad sea dicha, y me acerqué a la muralla. Entonces el ruido se hizo mucho más evidente y pude escuchar incluso un par de voces que conversaban en voz muy baja. Intuí que allí estaba ocurriendo algo anormal y me fui hasta la puerta de enrejado para intentar meter la cabeza y observar. Y los vi. Profanadores
Eran dos y ya tenían el trabajo bastante adelantado. La verdad yo no soy un héroe, ni tan siquiera un valiente, pero al ver aquello, ( y aprovechando que se acercaban un par de luces), me puse a hacer todo el ruido que pude con la intención de espantar a aquellos dos y de alertar al coche que se acercaba. Supongo que mi reacción se debió a que después de pasar tanto tiempo a las puertas del cementerio de alguna manera consideraba que aquellos muertos eran un poco míos, al menos eso es lo que he oído que se rumorea por ahí. Lo demás fue suerte. Que aquellas luces que se acercaban fueran las del coche de policía que pretendía echarme de allí, que aquella tumba fuese la del más intachable y respetado hombre santo del lugar y todo aquel rollo de héroe romántico y providencial que se montaron entre unos y otros me vino rodado y me cambió la vida y yo, por supuesto, no los contradije. Mejor ser alguien que ser un piojoso perro sin raza. Creedme.
Aquel desfile dominical era para mí de lo mas curioso, la gente llegaba con sus coches impecables, sus ramos de flores, vestidos para la ocasión con lo mejor que tenían. Venían familias enteras a veces. Yo intentaba no molestar al tiempo que les hacía ver mi necesidad, pero como ya os he comentado a aquellas personas no les sobraba buena voluntad. Algunos incluso eran agresivos conmigo. Y puedo denunciar claramente que los peores eran aquellos pequeños cursis y emperifollados nazis de mierda. Me lanzaban miradas tan pendencieras que, estoy seguro, de no ser porque iban de la mano de sus abuelitas no tendrían reparo en patearme la cabeza bien pateada. Angelitos.
Allí perdí la noción del tiempo. Una tarde la grúa municipal se llevó mi casa, traté de impedirlo por todos los medios pero aquellos energúmenos eran más que yo. Así que tuve que dejar que se llevaran la vieja Ford, y aún puedo considerarme con suerte porque uno de ellos, bajito y con bigote, no paraba de amenazar con llevarme a mí también. No dejó de llamarme hijo de perra hasta que doblaron la esquina y se metieron en la autovía. Cabrones.
Sin techo fue todo más difícil aún. Hasta que una noche escuché un ruido al otro lado de la tapia del cementerio. Aquel día no había comido nada y el anterior tampoco de manera que mi estado de ánimo era nefasto, así que decidí no hacer caso. Pero al poco rato se repitió. Me levanté de mis cartones más por miedo que por curiosidad, la verdad sea dicha, y me acerqué a la muralla. Entonces el ruido se hizo mucho más evidente y pude escuchar incluso un par de voces que conversaban en voz muy baja. Intuí que allí estaba ocurriendo algo anormal y me fui hasta la puerta de enrejado para intentar meter la cabeza y observar. Y los vi. Profanadores
Eran dos y ya tenían el trabajo bastante adelantado. La verdad yo no soy un héroe, ni tan siquiera un valiente, pero al ver aquello, ( y aprovechando que se acercaban un par de luces), me puse a hacer todo el ruido que pude con la intención de espantar a aquellos dos y de alertar al coche que se acercaba. Supongo que mi reacción se debió a que después de pasar tanto tiempo a las puertas del cementerio de alguna manera consideraba que aquellos muertos eran un poco míos, al menos eso es lo que he oído que se rumorea por ahí. Lo demás fue suerte. Que aquellas luces que se acercaban fueran las del coche de policía que pretendía echarme de allí, que aquella tumba fuese la del más intachable y respetado hombre santo del lugar y todo aquel rollo de héroe romántico y providencial que se montaron entre unos y otros me vino rodado y me cambió la vida y yo, por supuesto, no los contradije. Mejor ser alguien que ser un piojoso perro sin raza. Creedme.
17.10.07
TENGO UNA PREGUNTA PARA USTED

Ayer me quedé con las ganas de hacer mi pregunta a cada uno de los entrevistados en el programa televisivo “ tengo una pregunta para usted”. Como al final de la noche terminé preguntando al refrigerador y no me contestó sigo con las ganas…de manera que ahí van.
Al señor Llamazares yo le preguntaría:
- ¿ cómo es posible que en un país en el que casi el 60% de los trabajadores cobran menos de 1000 euros por su trabajo IU tenga una representación residual?, ¿ qué es lo que está haciendo usted tan mal señor Llamazares?.
Al señor Carod-Rovira yo le peguntaría:
- como ciudadano de izquierdas internacionalista que se siente identificado con los que son como yo ( trabajadores) en cualquier parte del mundo le pregunto ¿ que Catalunya sea independiente significa que los trabajadores extremeños, gallegos, castellano-leonese, etc deben perder calidad de vida?
Al señor Duran i Lleida yo no le preguntaría nada francamente porque es un hombre de centro derecha y por lo tanto yo no espero nada de él. Pero de los tres invitados es el que me parece más honesto y civilizado y sería con el único con el que me tomaría, gustosamente, una cañita.
4.10.07
2.10.07
HUELLAS
Tus pies dejan sus huellas
en la fina arena del malecón,
y pienso que tal vez para enamorarse
sea necesario perder la memoria.
En el breve espacio en que ocurren
las cosas importantes, cruza una gaviota
veo ponerse el sol y llenarse las terrazas,
hoy es un día en que no recuerdo nada.
Rezo en las iglesias que frecuentas
como si se tratase de una causa perdida,
si tienes frío lo advierto enseguida,
nada ocurre por donde tú no pasas.
Tú sombra dibuja su huella
en la fina arena del malecón,
del mismo modo en que se repiten los veranos,
como si fuera muy tarde alguien te llama, y tú vas.
en la fina arena del malecón,
y pienso que tal vez para enamorarse
sea necesario perder la memoria.
En el breve espacio en que ocurren
las cosas importantes, cruza una gaviota
veo ponerse el sol y llenarse las terrazas,
hoy es un día en que no recuerdo nada.
Rezo en las iglesias que frecuentas
como si se tratase de una causa perdida,
si tienes frío lo advierto enseguida,
nada ocurre por donde tú no pasas.
Tú sombra dibuja su huella
en la fina arena del malecón,
del mismo modo en que se repiten los veranos,
como si fuera muy tarde alguien te llama, y tú vas.
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